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Sebastián Ochoa
Un esperado regreso a la tierra milenaria de los guaraníes. Cuando
el funcionario llegó a Alto Parapetí para repartir tierras
de acuerdo con la nueva Constitución, lo echaron a balazos. Pero
volvió y ya hay varias estancias recuperadas.
El lugar es paradisíaco, la casa es muy linda, pero se hace inevitable
pensar en los miles de humillaciones, golpes, violaciones y deshumanizaciones
que desde hace más de cien años soportan estas tierras.
Huaraca es la estancia de Mario Malpartida, “un cruel hacendado”,
lo define una de sus víctimas, el abogado guaraní Ramiro
Valle Mandepora. Un hacendado más que concentra algunas de las
157 mil hectáreas correspondientes al Territorio Comunitario
de Origen (TCO) Alto Parapetí, cuyo título será
del pueblo guaraní, si se cumple el deseo del gobierno nacional
y los indígenas.
En el Chaco boliviano, que abarca parte de los departamentos de Santa
Cruz, Chuquisaca y Tarija, se calcula que hay entre 500 y 800 familias
guaraníes sometidas a “servidumbre análoga a la
esclavitud”, como constató la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de los Estados
Americanos (OEA) en junio pasado.
Y evidenció que la manera más saludable de liberarlos
es devolviéndoles su territorio. Durante todo 2008, el gobierno
intentó ingresar en Alto Parapetí para averiguar a quién
pertenecen las tierras y para contactar a los guaraníes cautivos.
Pero los hacendados se resistieron violentamente, porque si se demuestra
que se valen de mano de obra esclava para reproducir sus fortunas, el
Estado se apropiará de esas superficies y las entregará
a las víctimas. Luego de meses de batallas perdidas, el Viceministerio
de Tierras pudo ingresar con grupos especiales de la Policía
Nacional.
La pulseada empezó el 13 de abril pasado, cuando técnicos
del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) trataron de ingresar
en Alto Parapetí, al sur de Santa Cruz, acompañados de
300 guaraníes. El anuncio había provocado una rebelión
de los hacendados, que sacaron peones y tractores a bloquear todos los
caminos de la zona para evitar la entrada de los funcionarios del Estado.
Faltaban pocas semanas para el referéndum autonómico del
4 de mayo y los terratenientes exigían que sus predios fueran
peritados por el Instituto Departamental de Tierras, organismo creado
por ese estatuto. Así, el “gobernador” Rubén
Costas, prefecto cruceño, sería el encargado de otorgar
títulos de propiedad. Ya no el presidente de Bolivia.
Hubo una emboscada y más de 50 guaraníes resultaron heridos.
Tres personas que fueron golpeadas y torturadas quedaron detenidas en
el cuartel de Cuevo: el abogado Valle, la periodista Tanimbu Estremadoiro
y el camarógrafo argentino Fernando Cola. El comandante de la
guarnición no les permitía salir porque, según
la alcaldesa, los pobladores de Cuevo tenían la intención
de lincharlos.
Pasados tres días, los detenidos comenzaron una huelga de hambre
hasta que los sacaran del cuartel. Al instante, los disfrazaron de soldados
y se los llevaron de Cuevo en una ambulancia.
Valle es asesor jurídico de la Asamblea del Pueblo Guaraní
(APG), organización que comenzó en 1996 el reclamo de
10 millones de hectáreas a favor de este pueblo. Finalmente,
el Estado aceptó la cesión de dos millones de hectáreas.
Alto Parapetí sería parte del territorio.
Hacendados rebeldes
En marzo, Valle había participado de una reunión con los
hacendados rebeldes, que tenían el apoyo de la prefectura y de
todos los alcaldes y comités cívicos de la zona. “Estaban
los alcaldes de Lagunillas, Antonio Paniagua; de Gutiérrez, Alfonso
Alvarez; de Cuevo, Sonia Guthrie; el subprefecto de Cordillera, Marcelino
Apurani, representantes del comité de Santa Cruz y otras autoridades
locales.
En esa reunión empezaron a exponer temas políticos para
desprestigiar el nuevo texto constitucional. Decían que Bolivia
se iba a transformar en un Estado comunista, que las tierras iban a
pasar a manos del Estado, que no habría la famosa transferencia
de propiedad y sucesión hereditaria.
Decían que el petróleo, los recursos naturales, el agua,
iban a pasar a manos del pueblo guaraní y la TCO. Nosotros solamente
exigíamos que se ejecutara el proceso de saneamiento con la ley
vigente, acorde con la Constitución actual.
En ese momento, el proyecto de nueva Constitución era un borrador
que no tenía aplicación. Pero los hacendados se agarraron
de ese tema como una excusa para obstaculizar y truncar los sueños
de nuestros hermanos aún cautivos en su propio territorio”,
dijo Valle a Página/12.
Las denuncias por las agresiones en Cuevo nunca fueron atendidas por
la Justicia, fundamentalmente porque varios funcionarios de este poder
tienen lazos de amistad o de sangre con los acusados, integrantes de
grupos políticos y económicos que pretenden dominar el
oriente boliviano.
En 2008, paralelamente a Cuevo, el país atravesó toda
clase de enfrentamientos por la causa de la nueva Constitución
–impulsada por el presidente, Evo Morales– y los estatutos
autonómicos de la entonces llamada Media Luna, cuyos titulares
eran los prefectos de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija.
Durante el intento de golpe de Estado de septiembre, el Ministerio Público
creó la Comisión Especial de Fiscales, cuya misión
sería investigar los delitos allí donde el Poder Judicial
estuviera amordazado por las autoridades locales.
Por el caso de Cuevo, habían pasado seis fiscales que soltaron
rápido el expediente. Hasta que intervino la comisión
especial, que citó a declarar en La Paz a Mario Malpartida y
a Ernesto Chávez, dos terratenientes identificados en las agresiones
de abril. Como no concurrieron, se ordenó la detención
de ambos.
En octubre, luego del “Gran Acuerdo Nacional” entre las
fuerzas políticas que permitió convocar a referéndum
constitucional, el gobierno recuperó el control del país,
especialmente del oriente. Entonces decidió concluir la tarea
en Chaco.
De vuelta en Alto Parapetí
El regreso a Alto Parapetí había sido anunciado por el
Decreto Supremo N 29802, firmado por el presidente en ejercicio, Alvaro
García Linera, el pasado 19 de noviembre. Allí, daba una
lista de los tratados internacionales contra la esclavitud a los que
adhiere Bolivia, además de las leyes vigentes sobre el tema.
Y determinó que el INRA “emitirá una guía
que establezca los criterios, la metodología y procedimientos
para verificar y establecer la existencia de sistemas servidumbrales,
trabajo forzoso, peonazgo por deudas y/o esclavitud de familias o personas
cautivas o formas análogas, en materia agraria”.
Según las leyes vigentes, si se demuestra que un propietario
tiene esclavos, el Estado puede disponer de esas tierras y titularlas
a favor de las víctimas.
El jueves 20, funcionarios del Viceministerio de Tierras, el INRA y
decenas de uniformados ingresaron en Alto Parapetí por Caraparicito,
la estancia de Ronald Larsen, un ciudadano de Montana, Estados Unidos,
que tendría 15 familias guaraníes cautivas. Allí,
en febrero habían sido secuestrados por varias horas y amenazados
de muerte el viceministro, Alejandro Almaraz, y el presidente de la
APG, Wilson Changaray, además de seis empleados públicos
e indígenas.
La semana pasada, los peones de Larsen recibieron con bala a los funcionarios
y a la Policía Nacional. Estos últimos entraron en casa
de Larsen, detuvieron a tres personas, pusieron en fuga a varias más
y decomisaron armamento de caza y de guerra.
Los patrones
“No sabes, hermanito, lo que sentí en casa de ese gringo,
después de todas las que nos hicieron pasar”, dijo a este
diario un técnico del INRA. El lujo y esplendor de lo de Larsen
chocan con la pobreza a la que son sometidas decenas de guaraníes
a su alrededor.
La policía sólo encontró a los peones. El jacuzzi
estaba vacío, nadie recorría el zoológico privado
que tiene entre sus 15 mil hectáreas. Se dice que Larsen no está
en Bolivia.
Tampoco Malpartida ni Chávez. Los patrones que desde hace décadas
esclavizan comunidades, compran y venden tierra con los guaraníes
como parte del paisaje, de pronto desaparecieron. Algunos terratenientes
se refugiaron en Santa Cruz, donde sus familiares iniciaron una protesta
en la plaza central contra “los atropellos del gobierno masista”.
Por ahora, las estancias ocupadas por la fuerza pública son Huaraca,
Caraparí y Buena Vista, de René Chávez. Garantizarán
que el INRA pueda hacer el saneamiento.
Actualmente, las pericias transcurren en el municipio de Camiri. Se
calcula que en un mes habrán concluido. En enero, continuarán
el relevamiento en los municipios de Cuevo y Lagunillas, que también
serán parte de la TCO.
En un pronunciamiento, los cívicos de Cordillera y la Asociación
de Ganaderos de Camiri acusaron al gobierno de cometer “actos
delictivos, con allanamiento a propiedades privadas, maltratando y torturando
a ciudadanos bolivianos sin razón fundada, privando de libertad
a humildes guaraníes, atentando contra derechos y principios
constitucionales y universalmente consagrados”.
Por ello convocaron “a la unidad en defensa de la legalidad, la
constitucionalidad, la democracia, la libertad y el estado de derecho,
a defender lo que por historia y en justicia nos corresponde”.
Los terratenientes, autoproclamados “víctimas”, acusan
al gobierno de todo tipo de ilegalidades. Algunos sostienen que los
policías los torturaron y les mandaron a matar ovejas y gallinas
para cocinarlas. La voz principal de los ganaderos la tiene el presidente
de la Confederación de Ganaderos de Bolivia (Congabol), Guido
Nayar, que hace años fue –cuándo no– ministro
de Gobierno (Interior) del ex dictador Hugo Banzer.
“Rechazo completamente estas insinuaciones de alguna persona y
tendrán que demostrarlo. Fueron los propios terratenientes y
latifundistas quienes acudieron a la violencia hace unos meses para
evitar el saneamiento”, dijo en conferencia de prensa el ministro
de Gobierno, Alfredo Rada.
“Si vuelven a hablar de comités de defensa armados, como
hicieron hace algunos meses, tendrán que saber que va a haber
una respuesta del Estado con la fuerza legal y constitucional”,
agregó el ministro.
El gringo Larsen
Luego de abril, cuando el gobierno fue expulsado de estas tierras, los
hacendados y la Prefectura iniciaron un plan dentro de la TCO con el
espíritu de quitar los deseos de libertad a los guaraníes
esclavizados. Se dice que los latifundistas comenzaron a pagar 30 bolivianos
(cuatro dólares) por la jornada de trabajo, que generalmente
consiste de 14 horas. Antes de abril pagaban 15 bolivianos por día.
“Pagaban” es una forma de decir, porque pocas veces el peón
guaraní ve algo del dinero.
Es costumbre que los patrones paguen en especias, como alimentos y una
muda de ropa al año. Quién pone el precio ya se sabe,
de modo que los guaraníes quedan permanentemente endeudados.
Y las deudas serán la herencia de sus hijos.
La Prefectura, por su parte, empezó a enviar alimentos como parte
de un programa gubernamental. También trajo un plan de viviendas,
pero en las comunidades aseguran que los regalos se reparten sólo
a los guaraníes autonomistas. Los indígenas que exigen
el respeto de los derechos básicos quedan de lado por revoltosos.
Si los siervos no son dóciles, la opción patronal es expulsarlos
de la hacienda, sobre todo para ahorrarse los problemas legales que
pudieran ocasionarles.
El gobierno prevé que con el avance del saneamiento de Alto Parapetí,
varios hacendados se desharán de los guaraníes que tienen
cautivos. Por eso, mediante decreto se comprarán “dos o
tres haciendas”. Según el viceministerio una de ellas será
Caraparicito, de Larsen. Inmediatamente, estos predios serán
entregados al pueblo guaraní como adelanto de la TCO. Allí
podrán asentarse los que fueron expulsados.
Miguel Corrales es responsable de Salud de la comunidad yaití,
cuyas 15 familias están cautivas de la estancia homónima
de Luis Chávez, según denuncia la APG: “Desde abril
que no trabajamos más para ellos. A nosotros no nos quieren dar
trabajo, aparte no nos pagan bien, no nos conviene.
Ahora vino la Prefectura con la construcción de viviendas, pero
dieron a la comunidad vecina, El Recreo, y a nosotros nos dejaron a
un lao. Pedimos que el gobierno investigue lo que hace la Prefectura.
A la otra comunidad la dejaron como autonomista. Antes los guaraníes
estábamos bien organizados. No puede ser que un hacendado nos
haga esto, engañe a la gente para que nos estemos peleando. Ahora
tenemos que luchar por nuestros hermanos esclavizados, por eso apoyamos
el trabajo del INRA”.
“No he estudiado ni un día”, contestó Andrea
Cerezo Bejarano cuando le preguntaron si sabía leer y escribir.
Mientras desgranaba maíz para hacer mote, contó que sirvió
como cocinera en Villa Mercedes, “la hacienda de don Alejo Chávez.
Ahí nació y ahí murió mi papá. Yo
viví en la comunidad hasta los 15 años, cuando mi abuelita
murió. Entonces mi papá me llevó a la hacienda.
Le pidió al patrón tela porque yo no tenía ropa.
En esa época nos daban tela y nos costurábamos.
El patrón, en vez de poner la tela a cuenta de mi padre, la puso
a cuenta de mí. Así que me puso a trabajar para pagar
mi deuda propia. Yo trabajaba y nunca sabía la deuda que pagaba.
Nunca veía la plata”.
Andrea cocinaba desde las seis de la mañana hasta las 9 de la
noche, lo habitual cuando se es esclavo en la hacienda. Hacia 1980,
los guaraníes crearon la APG para defenderse de tantos atropellos.
“Cuando llegó la organización de indígenas,
los patrones nos decían ‘aquí es privado, no van
a poder trabajar en grupo’. Igual seguimos luchando.”
Muchas veces, los guaraníes tienen que servir en otras haciendas
donde, aunque poco, pagan con dinero verdadero. “Nunca reconocieron
a nuestros padres, que dieron todo su sudor al patrón. Entonces
si no pagan, nos vamos a otro lado a trabajar. Y cuando regresamos nos
dicen ‘¿por qué no se van de una vez?’.
Pero nosotros somos de ahí, es nuestra tierra. No vinimos de
otro lado a vivir. Pero ahora vivimos dentro de la propiedad privada,
no tenemos tierra. Por eso queremos tierra para nosotros, para nuestros
hijos, para nuestros nietos.
Publicado en Venezuela en Revolución