James Petras
- Introducción
El desarrollo latinoamericano nos presenta un rico abanico de paradojas, que contradicen las predicciones, prescripciones y comentarios de escritores y académicos de la derecha y la izquierda.
Cambios abruptos y saltos en la correlación de fuerzas políticas son acompañadas por llamativas continuidades estructurales. Avances políticos alternan con bruscas reversiones, al tiempo que los movimientos populares compiten por el poder junto al resurgimiento de movilizaciones de masas dirigidas por las clases dominantes. Quiebres en el sistema financiero y productivo, la fuga de capitales y la desaparición de los regímenes de las clases dominantes son seguidos por fuertes recuperaciones económicas capitalistas, el resurgimiento de movimientos guiados por los sectores empresarios y la restauración de la hegemonía capitalista sobre la pequeña burguesía. Movimientos de clase y sindicales horizontales, que superan las divisiones étnicas, regionales y locales para cuestionar al Estado capitalista son desplazados por divisiones verticales en las cuales organizaciones capitalistas regionales y sectoriales apoyadas en las masas compiten por las ganancias. El liderazgo hegemónico sobre vastos sectores de la clase media baja, y los pobres urbanos y rurales, oscila entre el proletariado con movilidad descendente, los empleados públicos organizados, el campesinado, y en algunos casos, los desempleados urbanos, y las elites agro-exportadoras organizadas, las multinacionales financieras y de base en la minería lideradas por las grandes corporaciones y apoyadas por demagogos radicales de derecha de clase media. La recuperación económica y las tasas de crecimiento sostenido y sustancial fortalecen el poder político y social de las clases gobernantes lo cual contribuye a extender y profundizar las desigualdades que exceden aquellas de la crisis económica precedente. El péndulo político cambia de la influencia de la izquierda radical “en las calles”, al poder institucional de centro-izquierda, al resurgimiento del poder “callejero” e institucional de derecha. Los movimientos sociales de masas, que ocupan y organizan fábricas en quiebra y campos improductivos, son reemplazados por la restauración de los anteriores dueños de empresas y el desplazamiento forzado de los campesinos y la vasta expansión de las exportaciones de commodities agrícolas.
En la medida en que la hegemonía de los EE.UU. en América Latina se hace menos profunda y penetrante, el neoliberalismo “hecho en América Latina” se expande y se hace global. El comienzo de la recesión y crisis financiera en EE.UU. tiene poco o ningún impacto en reducir el boom exportador latinoamericano, demostrando el creciente despegue de las economías de las dos regiones, tornando obsoleto el viejo cliché que dice que “cuando los EE.UU. estornudan, América Latina agarra una neumonía”.
- Dinámica de clase de la derecha resurgiente
Uno de los factores claves que impulsan el resurgimiento de la derecha, el debilitamiento de los regímentes de “centro-izquierda” con estilo propio y el aislamiento y declinación de los movimientos sociales radicales en la primera década del nuevo milenio, es la “primarización” de las economías. El sector económico primario, digamos la agricultura y la minería, están dominadas por grandes corporaciones agro-mineras nacionales y extranjeras que también lideran las instituciones empresariales y financieras “en la cima” y ejercitan hegemonía sobre los gobiernos locales y regionales y sus empleados. Precios mundiales favorables y la apertura de nuevos mercados dinámicos en el exterior junto a grandes influjos de inversión extranjera en los sectores primarios han incrementado significativamente el rol de las elites agro-mineras en la economía e incrementado sus demandas de mayor influencia sobre las políticas económicas nacionales. La creciente centralidad de los sectores agro-mineros y sus industrias “satélites” (finanzas, comercio, maquinaria agrícola, infraestructura y construcción) ha cambiado el eje del poder político de las alianzas de centro-izquierda de clase media trabajadora urbana y los pobres rurales y urbanos hacia un bloque de poder de masas agro-minero que incluye pequeñas empresas urbanas, organizaciones profesionales, productores rurales medios y aún pequeños, consumidores urbanos descontentos y empleados con salario fijo que sufren los estragos de la alta inflación.
Las elites de derecha del sector primario son los más importantes exponentes de las políticas de “libre mercado”, independientemente de la declinante de la influencia del FMI y el Banco Mundial, en tanto su objetivo estratégico básico es el acceso ilimitado a los mercados exteriores y las importaciones de bienes de capital y consumo a los menores precios posibles. Domésticamente las elites agro-mineras y sus colaboradores entre los sectores financieros y comerciales demandan el final de la regulación estatal, la rebaja o eliminación de los derechos de exportación, el fin de la coparticipación de ingresos con el gobierno nacional y la reinversión del superávit comercial en proyectos de infraestructura que faciliten las exportaciones y las ganancias.
El cambio de poder de la izquierda radical a la centro-izquierda y luego a la derecha sigue de cerca la buenaventura del capital. La izquierda radical dominaba las calles y ejercitaba un virtual veto a la política económica e influenció el “cambio de régimen” en lo alto de las crisis políticas y económicas y el derrumbe del neoliberalismo a finales del siglo 20. La centro-izquierda emergió del empate entre los movimientos sociales y las clases dominantes durante las crisis: la izquierda radical pudo bloquear el gobierno del capital pero fue incapaz o no quiso reemplazarlo y la clase dominante ocupó las posiciones estratégicas en la economía pero fue incapaz de gobernar. La “centro-izquierda” fue en esencia un “régimen de transición” nacido tras la crisis y el derrumbe pero sólo pudo sobrevivir si y cuando fue capaz de adaptarse a las demandas de las elites agro-mineras que emergieron del boom económico del período post-crisis. La búsqueda por parte de los “regímenes de centro-izquierda” de ajustes en las políticas y continuidades estructurales creó sus propios “sepultureros” a la derecha. Seguros del apoyo de los sectores estratégicos privatizados financieros, agro-mineros e industriales, la centro-izquierda implementó una serie de políticas fiscales, monetarias y laborales que “alimentaron forzadamente” el relanzamiento del crecimiento capitalista. Las condiciones favorables en el mercado mundial inclinaron a los regímenes de centro-izquierda a adoptar la estrategia de crecimiento del sector primario, independientemente del hecho de que su base electoral se oponía a las elites que lideraban el sector primario. La centro-izquierda operaba con una visión estática del balance de fuerzas post-crisis entre los pobres movilizados y la burguesía resurgiente: se imaginaban una “alianza productiva” donde ellos podrían orientar las riquezas e ingresos generados por un sector primario de “libre mercado” a los gastos en bienestar social para pacificar a su base de masas. La estrategia se deshizo desde el momento en que el boom del sector primario despegó y las elites resurgientes agro-mineras mostraron su poderío basado en sus altas ganancias récord. Las elites de derecha del sector primario rechazaron participar de la alianza “productiva” y las políticas de “reparto de la riqueza” del régimen de centro-izquierda. Incapaces de poner al genio de nuevo en la botella, la centro-izquierda se convirtió en un preso político de la resurgiente derecha, dando marcha atrás en sus promesas a su base de masas y no deseando o no pudiendo proteger a sus partidarios, y menos aun movilizarlos contra la violencia institucional y callejera de las fuerzas de choque de derecha de los sectores primarios.
- El resurgimiento del “neo-liberalismo” de libre mercado y la declinación de los movimientos sociales
El ascenso de los líderes de la economía dirigida por el sector primario ha tenido importantes repercusiones en el mapa macroeconómico y político.
Primero y principal, la derecha ha capturado el poder político en las dinámicas regiones agro-mineras, y con el aliento de las ganancias e ingresos fiscales locales ha sido capaz de fundar proyectos de bienestar social locales, los cuales movilizan a la gran mayoría de la población local en apoyo de su agenda “regionalista”. Al lograr esto ella ha conseguido, en gran medida, convertir el conflicto de clases en un conflicto sectorial/regional.
Segundo, su peso regional y el creciente rol estratégico de las regiones dominadas por la derecha en la economía nacional han resultado en una mayor influencia en la política nacional. En particular, las elites económicas de importancia en las ciudades capitales, particularmente en los sectores financieros y comerciales (actividades de exportación e importación), han unido sus fuerzas para minar a los regímenes de centro-izquierda. El resultado ha sido una creciente “inclinación” de los vulnerables regímenes de centro-izquierda hacia las demandas de desregulación más radical del sector agro-minero. El problema que enfrentan los regímenes de centro-izquierda es que el resurgimiento de la derecha se produce al mismo tiempo que las presiones inflacionarias están forzando al movimiento obrero organizado a demandar mayores incrementos salariales, especialmente en el marco del crecimiento económico y la creciente desigualdad en los últimos 5 años. El resultado es un conflicto de tres esquinas en el cual los regímenes de centro-izquierda enfrentan la oposición de su anterior base popular y han sido abandonados por las clases medias de las provincias y las ciudades capitales.
Las medidas de regulación, que la centro-izquierda introdujo de cara a la crisis anterior en la década, ahora están siendo erosionadas. Los débiles esfuerzos por mejorar la pobreza extrema y financiar el empleo urbano están siendo minados por una derecha agro-minera confiada y enérgica, que con claridad se ve a si misma como el centro dinámico de la estrategia de desarrollo liderado por las exportaciones de la centro-izquierda. La dependencia de la centro-izquierda en el sector primario y su fracaso en introducir cambios estructurales en la tenencia de la tierra, y el control minero y energético, fueron cruciales en el poderoso resurgimiento de la derecha. El rechazo de la centro-izquierda a re-nacionalizar los sectores económicos estratégicos privatizados durante la década previa y su estrategia política de desmovilización de los movimientos populares ha desplazado dramáticamente el balance del poder político a la derecha.
- La desaparición del movimiento campesino e indígena
Al cierre del milenio los movimientos campesinos e indígenas estaban jugando un papel importante en algunos países de América Latina. En Bolivia, Ecuador, Colombia, México, Perú, Brasil, América Central y Paraguay, los movimientos campesinos e indígenas jugaron un rol clave en derrocar a los regímenes neo-liberales, construyendo poderosos movimientos de base regional con un impacto en la política nacional, en facilitar la elección de presidentes de centro-izquierda y, en algunos pocos casos, proveyendo de apoyo de masas a movimientos guerrilleros. La mayoría de estos movimientos sociales fueron “grupos de veto” efectivo en la construcción de la agenda política nacional. Como importantes actores políticos, estos movimientos fueron aliados muy buscados por políticos electorales y partidos auto-declarados de centro-izquierda para contrarrestar la política de patrocinio de las elites agro-mineras de derecha. El momento de triunfo de los movimientos, y su reconocimiento como actores centrales en la política nacional, como potenciales hacedores y destructores de la fortuna de los partidos políticos de base urbana y sus líderes, fue también el comienzo del fin de su rol como agentes representativos de su base de masas.
Los líderes campesinos e indígenas sucumbieron a los ofrecimientos o favores políticos, a los empleos en el gobierno, las ONGs financiadas por Norteamérica o la U.E. y los micro-créditos administrados por bancos internacionales. Los movimientos y sus líderes vieron como sus aliados políticos de centro-izquierda giraban a la derecha, adoptando la estrategia de exportación agro-minera y abandonando sus promesas de reforma agraria, seguridad alimentaria y financiamiento para la agricultura cooperativa. El resultado fue la visible pérdida de iniciativa política, las divisiones internas y la deserción masiva y, en algunos casos, la transformación del movimiento en correa de transmisión de las políticas oficiales que llevaron a una parcial desmovilización y pérdida de “poder callejero”. Sobre todo, el giro y el énfasis en las políticas de “autonomía” y etnia, promovidas por las ONGs y sus agencias de financiamiento en Norteamérica y Europa, causaron que los movimientos indígenas se alejaran de las políticas de clase a favor de políticas regionalistas/separatistas. Este cambio hacia las políticas de la identidad los aisló de los sindicatos, la clase obrera minera y urbana y dio a las poderosas elites agro-mineras el pretexto para tomar el control sobre las regiones más productivas y ricas del país, aquellas que contienen las tierras más fértiles y mayores concentraciones de minerales y los mayores campos de gas y petróleo.
A pesar del avanzado estado de deterioro y desorganización de los campesinos y especialmente de los movimientos indígenas y su creciente aislamiento y papel marginal en la política nacional, un ejército de periodistas, miembros de ONGs, académicos y escritores de izquierda y progresistas, continuó parloteando sobre los “poderosos movimientos sociales en América Latina”, una “marea rosa”, el “avance de la izquierda” y demás. En la medida en que la derecha agro-minera en Bolivia aprobó diversos referendums separatistas en las provincias en que dominan, y los partidarios campesinos e indígenas del gobierno central fueron salvajemente golpeados por matones neo-facistas apoyados por los regímenes provinciales separatistas, el régimen Morales-Linares abandonó cualquier intento de defender la seguridad física de sus seguidores mientras hacía todos los esfuerzos para aplacar a la elite agro-minera. En Ecuador, luego de su desastrosa alianza electoral (2003) con el derechista cambiado a pseudo-populista Presidente Lucio Gutierrez, el movimiento indígena CONAIE declinó, con su base divida y desmoralizada, alcanzando su punto más bajo en la elección de 2007 para la asamblea constituyente donde logró el 2% de los votos para sus candidatos. El movimiento indígena Zapatista se auto-marginó al rechazar el apoyar el movimiento de protesta de millones de personas contra el fraude presidencial de 2006 y al dar un mínimo apoyo simbólico al levantamiento masivo urbano-rural en el estado mexicano de Oaxaca que duró 6 meses bajo una severa represión estatal.
- El retroceso de los movimientos sociales de actores nacionales a actores locales
En el último tercio de la presente década, frente al retroceso de los movimientos de izquierda y la desaparición de los regímenes de centro-izquierda y el resurgimiento de la elite agro-minera de derecha dura, los movimientos sociales rurales han retrocedido hacia luchas locales y sectoriales, los sindicatos y movimientos urbanos hacia luchas económica-salariales y los movimientos indígenas hacia luchas defensivas de supervivencia contra la dinámica expansión de las plantaciones de soja, los exportadores de madera y las corporaciones multinacionales de mineral y petróleo. Los movimientos rurales líderes, como el MST en Brasil, han experimentado por parte del gobierno tantas expulsiones de los ocupantes ilegales como logrado nuevas ocupaciones. La CONAIE en Ecuador, y los indígenas de Chiapas han visto a muchos más seguidores abandonar sus tierras ancestrales, sus granjas y aún el país que sumarse a sus movimientos. Las federaciones campesinas e indígenas de Bolivia han presenciado la vasta expansión y enriquecimiento de las elites exportadoras de agro-negocios, mientras los niveles de pobreza persisten por encima del 65%, forzando a una masiva migración hacia el exterior.
La realidad dual de hoy muestra un retroceso del movimiento indígena y campesino y el resurgimiento de las elites gobernantes agro-mineras, lo cual refleja el enorme ímpetu dado a esta polaridad económica por la promoción que la centro-izquierda ha hecho de la primarización de la economía.
- Paradojas Latinoamericanas: Victorias electorales de izquierda y el poder derechista
La América Latina contemporánea puede ser compredida mejor si examinamos las paradojas más salientes e identificamos los contrastes básicos entre las apariencias proclamadas y las realidades empíricas. A lo largo de los últimos tres años los más poderosos y organizados movimientos de la sociedad civil son organizados por grandes empresas urbanas derechistas, elites de agro-negocios sostenidas por un número sustancial de miembros de la clase media del sector privado, pequeños agricultores, comerciantes, asociaciones civiles, propietarios de medios de transporte y organizaciones profesionales. En contraste, los movimientos sociales rurales y urbanos de los pobres organizados por la izquierda están en retroceso, inmovilizados o en un “modo defensivo”. El resurgimiento de la derecha toma lugar en el contexto de regímenes de centro-izquierda cuyas políticas han desmovilizado a los movimientos por la vía de la cooptación, estimulando la recuperación económica la cual a su vez ha incrementado las expectativas y demandas de la derecha de una mayor “autonomía”, poder regional, concesiones más lucrativas e impuestos más bajos.
Un breve sondeo de América Latina en 2008 de los países más grandes confirma el nuevo paradigma de la derecha resurgiente.
- Bolivia: A finales de Junio de 2008, la derecha controlaba completamente los gobiernos en 5 provincias, llevó adelante y ganó referendums en 4 provincias, dominaba las “calles” y plazas a través de “organizaciones cívicas” agresivas, que periódicamente se involucraban en ataques violentos contra asambleas de indígenas, sindicatos y tiene el poder de convocar paros generales efectivos y lockouts que bloqueen la economía. Liderada por la oligarquía de agro-negocios de Santa Cruz, ellos han establecido un gobierno paralelo para negociar la recolección de impuestos, la política económica externa y para forzar al ejército nacional y la política a ajustarse a sus políticas. El resultado es que las regiones derechistas ahora controlan más del 85% de las exportaciones y reservas de gas y petróleo, 80% de las exportaciones agropecuarias y la mayoría de las instituciones financieras y comerciales. Las organizaciones populares de izquierda han sido manipuladas y dividas por el régimen Morales-García Linera, minando su capacidad de enfrentar el resurgimiento de la derecha. En Junio, la federación minera –o al menos la mayoría de sus delegados- votaron por una huelga general que será llevada acabo en Julio contra el resurgimiento de la derecha y el impotente régimen de Morales.
- Argentina: A lo largo de la primera mitad de 2008, las principales empresas de agro-negocios con fuerte apoyo de las burguesías provinciales, y pequeños y medianos productores agropecuarios, organizaron lockouts masivos y sostenidos, una multitudinaria demostración de 200.000 personas en Rosario y forzaron al gobierno de Cristina Kirchner a renegociar el impuesto aduanero sobre las ganancias extraordinarias en las exportaciones de granos y soja. Los líderes derechistas del boycott fueron exitosos en debilitar la popularidad del régimen de “centro-izquierda”, poniendo en cuestión su autoridad y habilidad para gobernar, mientras construyeron alianzas políticas con los sectores urbanos financieros y comerciales. De igual importancia, la escasez de alimentos (carne y granos) condujo a aumentos de precios, inflación creciente y provocó un amplio descontento entre los pobres urbanos. Hubo poco apoyo de los movimientos populares urbanos tanto a favor del régimen de “centro-izquierda” como en oposición a los derechistas bloqueos de rutas y boycotts, excepto en sectores de la unión de camioneros. Claramente el movimiento rural derechista liderado por los agro-exportadores ha reemplazado a los movimientos de trabajadores desocupados como el sector dinámico de la política extra-parlamentaria. Como consecuencia del debilitamiento de la centro-izquierda, la derecha ortodoxa neoliberal será la probable beneficiaria en términos electorales.
- Brasil: Durante los primeros seis años de la presidencia de Lula Da Silva, los derechistas líderes de empresas y bancos y sus asesores han dominado todas las posiciones económicas estratégicas en el gobierno. El más grande “movimiento” en el país ha sido totalmente dominado por la elite sojera, maderera y del azúcar-etanol la cual ha despojado a pequeños agricultores, indígenas y campesinos de subsistencia al expandir su producción de cultivos para bio-combustible y otras exportaciones agrícolas. El Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) ha visto sus acciones sociales criminalizadas, decenas de miles de sus ocupantes organizados expulsados, sus improvisados ranchos incendiados y sus cultivos arrancados por el ejército, la política municipal y estadual y los ejércitos privados de los agro-exportadores. Una de las fuerzas impulsoras del boom agro-exportador ha sido la inversión extranjera a gran escala y de largo plazo en millones de hectáres de tierra fértil, plantas de procesamiento de alimentos, refinerías de etanol y instalaciones de almacenamiento y transporte. Bajo Lula Da Silva millones de hectáreas de la región amazónica han sido desmontados de sus cubiertas de bosques y miles de indígenas y colonos pobres han sido expulsados. Como mucho, el MST ha estado involucrado en luchas defensivas, decrecientes ocupaciones de tierras y protestas simbólicas contra la agricultura bio-tecnológica y la destrucción ecológica. En contraste a la dinámica expansión del movimiento de ocupación capitalista de la tierra que ha recibido un poderoso apoyo financiero y de policía del régimen de Lula, los movimientos populares están en retroceso, bajo vigilancia y sujetos a una “pesada” represión, encarcelamiento y asesinato si y cuando se involucran en “acciones directas”. El régimen de Lula, que asumió el gobierno con el poderoso apoyo de los sindicatos, el MST, los sindicatos del sector público y los movimientos sociales populares, se ha convertido en el líder del resurgente movimiento impulsado por la elite agro-exportadora. Lula ha eliminado las opciones políticas del MST y los sindicatos y abrió el camino para la reafirmación de la hegemonía de la clase dominante.
- Venezuela: Luego de que la derecha venezolana sufriera una serie de severos reveses, entre ellos la derrota del golpe militar de Abril de 2002, el lockout empresarial de Diciembre de 2002-Febrero de 2003, el referéndum de 2004 y las elecciones presidenciales de 2006, ella retornó a las calles en 2007 y aseguró la derrota del referéndum de Chávez en Diciembre de 2007 por el más pequeño márgen (menos del 1%). La derecha en Venezuela ha retenido, durante la última década, una presencia extra-parlamentaria masiva y una red bien financiada de ONGs que guían y se involucran en un amplio espectro de demostraciones callejeras, ayudadas por las agencias exteriores de los EE.UU. La derecha venezolana ha combinado acciones electorales y extra-parlamentarias, la protesta masiva violenta y terrorista y la no violenta, alternando de acuerdo a las circunstancias y oportunidades. Tomando ventaja de las concesiones del gobierno, incluyendo el régimen de amnistía para los participantes del golpe, la creciente inflación y los faltantes de productos inducidos por la oposición, la derecha a apuntado a ganar las elecciones locales y estaduales programadas para Noviembre de 2008, donde esperan ganar una minoría significativa de elecciones estaduales y municipales. Partiendo de su liderazgo en el movimiento estudiantil de las universidades públicas y privadas dominadas por las elites y su sólida elite de base en los agro-negocios, la derecha espera poder repetir su primer éxito electoral en el referéndum de 2007. El gobierno y su nuevo partido de masas, PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), enfrenta a una derecha rejuvenecida, fortalecida por infiltrados y agitadores apoyados por Colombia y EE.UU. en los barrios pobres y capaces de generar violentos disturbios y promoviendo movimientos separatistas, especialmente en la región rica en petróleo de Zulia.
- Ecuador: El levantamiento popular de 2006 que expulsó al derechista Presidente Lucio Gutierrez, la subsiguiente elección de Rafael Correa y las victorias paralelas en el referéndum para una nueva constitución y en la elección de delegados para la convención constitucional (Octubre 2007) han prácticamente eliminado a los partidos tradicionales de derecha. Habiendo perdido de manera decisiva sus bastiones electorales en la legislatura y la presidencia, la derecha política lanzó un movimiento regionalista-separatista de “autonomía” en gran escala, basado en Guayaquil y liderado por su intendente. A comienzos de 2008, ellos movilizaron 200.000 leales a la derecha en un esfuerzo por presionar a la asamblea constitucional. Aún más serio, las agencias militares y de inteligencia, trabajando de manera cercana con la CIA y el ejército Colombiano, retuvieron información del Presidente Correa en relación a la violenta intervención y bombardeo por parte del Presidente colombiano Uribe en la frontera de Ecuador en la búsqueda de guerrilleros de las FARC. En respuesta Correa echó a su Ministro de Defensa y al Jefe de la Inteligencia Militar a la vez que reemplazó al Jefe de las Fuerzas Armadas. La clave para el resurgimiento de la derecha en Ecuador es el hecho que los poderosos bancos costeros, y los grupos industriales y financieros han permanecido intactos, al igual que las principales multinacionales petroleras en manos extranjeras, que controlan el 56% de la producción de petróleo. El mayor medio masivo de comunicación privado, aliado a la derecha, domina el espectro radioeléctrico ante la ausencia de alguna fuente de información gubernamental de importancia. Mientras Correa correctamente ha eliminado a los más flagrantes oficiales militares pro-imperialistas, las instituciones civiles y militares del Estado continúan repletos de miembros nombrados por los regímenes derechistas previos. Si bien en la actualidad Correa domina el poder ejecutivo y legislativo, la derecha ha demostrado su capacidad para lanzar un poderoso movimiento de la sociedad civil de base regional y para mantener sus vínculos con sectores claves del ejército. El crecimiento de la derecha en la sociedad civil ocurre en un momento en que los principales movimientos de izquierda de la sociedad civil (el movimiento indígena CONAIE y el sindicato de trabajadores del petróleo) han sido debilitados y descuidados o marginalizados por el régimen de Correa, haciéndolo vulnerable al ataque extra-parlamentario.
- Colombia: Colombia es un país donde la extrema derecha ha logrado sus mayores avances tanto en el gobierno, en la sociedad civil, en la lucha de clases y en relación a sus vecinos. Con la elección de Álvaro Uribe, Colombia ha sido testigo de la sistemática expansión de la actividad de los escuadrones de la muerte ligados al movimiento de masas de clase media urbana y el reclutamiento forzado de decenas de miles de informantes rurales bajo amenaza de tortura y muerte. Apoyado con más de 6.000 millones de dólares en apoyo militar de EE.UU., miles de asesores norteamericanos y la última tecnología electrónica de detección de EE.UU. e Israel, el régimen ha desplazado a más de 2 millones de campesinos de sus tierras hacia las periferias de las ciudades o fuera del país. La reelección de Uribe fue acompañada por un incremento en 250.000 miembros en las fuerzas armadas. Los intendentes y congresistas de centro-izquierda en el Polo Democrático son totalmente impotentes para prevenr las semanales masacres y son incapaces de bloquear la aprobación del propuesto tratado de libre comercio bilateral con Estados Unidos. El régimen ha militarizado la mayor parte del espacio rural, aislando y destruyendo a las organizaciones campesinas y sindicales.
En 2005 la derecha colombiana infiltraba fuerzas paramilitares en Venezuela para desestabilizar el régimen de Chávez. Ella organizó el secuestro del vocero de las FARC en el centro de Caracas. La culminación de la proyección regional del poder de Colombia fue el bombardeo de un campamento de las FARC en Ecuador, identificado por los EE.UU. y Colombia en el curso de las negociaciones internacionales sobre secuestrados y prisioneros auspiciadas por Chávez. Como resultado, Chávez se acomodó a la presión de Uribe y públicamente atacó a las FARC llamándolas a desarmarse y entregarse, sin condiciones, en los términos dictados por el gobierno colombiano. Hoy Uribe moviliza a 1,5 millones de seguidores mientras que la centro-izquierda puede contar con 200.000, mientras que los movimientos populares de izquierda se encuentran en retroceso.
Lejos de estar en un perído de avance de la izquierda, América Latina se encuentra en medio del resurgimiento de la derecha, en el terreno electoral y de la sociedad civil, en gran medida gracias al boom económico, el cual (junto a la consolidación y promoción de sus soportes económicos, el agro-negocio, las finanzas y la minería) ahora amenaza con desplazar a los regímenes de centro-izquierda. La creciente “marea blanca” ha tendido el terreno para una nueva forma de hegemonía conjunta imperial-oligárquica si y cuando los EE.UU. se recupere de su recesión, la crisis financiera y el atolladero en el Medio Este.
- La paradoja de la autonomía
La segunda paradoja se localiza en la propuesta izquierdista o centro-izquierdista de “autonomía”, la cual fortalece a la elite económica regional de derecha y debilita al gobierno central y los movimientos populares nacionales. Lo que empezó como una demanda izquierdista-indigenista de un Estado pluri-étnico basado en “autonomía regional” ha evolucionado en la plataforma de la derecha rejuvenecida –que demanda autonomía regional para controlar y explotar en exclusividad las ricas regiones agro-mineras. El pedido de “autonomía” elevado inicialmente por los movimientos indigenistas, apoyado por las ONGs financiadas por EE.UU. y Europa, imaginaba el auto-gobierno étnico local libre de la tutela del gobierno central. El problema es que las áreas más prósperas, ricas en ingresos y recursos son precisamente las regiones donde las comunidades indígenas no dominan y en las cuales el trabajo asalariado y las relaciones comerciales han disuelto en gran medida las tradicionales “relaciones recíprocas” indígenas. Con el ascenso del gobierno de centro-izquierda el tema fue capturar ingresos adicionales de las regiones ricas en recursos y controladas por la oligarquía blanca para financiar el desarrollo de las regiones más pobres donde los indígenas predominan y para relocalizar a los indígenas pobres y sin tierras en tierras fértiles y proveerles de empleo en industria productivas y minas. En lugar de eso, la autonomía regional ha esencialmente confinado a los indígenas a sus tierras infértiles y a remotas regiones montañosas para administrar su propia miseria y recibir una poca ayuda estatal generada por las enormes ganancias de las exportaciones mineras y agrícolas. En contraste, habiendo perdido influencia o control directo sobre el gobierno, las regiones ricas dominadas por las elites agro-mineras y financieras han tomado la retórica indígena de la “autonomía” para avanzar hacia la secesión de facto y monopolizar la riqueza e ingresos generados localmente contra cualquier reparto federal del ingreso.
La vaguedad de toda la retórica de la “autonomía” y el “gobierno local” evita analizar las clases, que podrían beneficiarse de la devolución del poder y los recursos. Es más, el desarrollo desigual de las regiones y la desigual distribución de la riqueza excluye cualquier posibilidad de una política equitativa que favorezca a las regiones menos desarrolladas y de menores ingresos. La autonomía regional, que primero apareció (o fue discutida) por la comunidad de las ONGs como una manera de re-conducir las injusticias históricas entre los indígenas, ha tenido el efecto opuesto de denegar a la mayoría los frutos del poder nacional alcanzado. La expulsión de los indígenas pobres en las regiones de alto crecimiento y tierras fértiles y ricas minas, ha sido el resultado de su histórico despojo por parte de los grandes terratenientes y propietarios de minas; y aun antes de la huida de los predadores coloniales que buscaban a las poblaciones indígenas como trabajo forzado. La demanda progresiva no es la de “empoderar” a los pobres en sus regiones empobrecidas sino la de demandar la devolución de las tierras a través de la reforma agraria y la expropiación de las minas como un mecanismo real para crear empoderamiento de clase. Los regímenes de centro-izquierda se niegan a expropiar, reasentar y empoderar a los pobres; por el contrario, su política de “autonomía” preserva a las elites existentes y la propiedad históricamente limpiada de población indígena y encierra a los indígenas en sus improductivos énclaves montañoso y sus barriadas. Peor que eso, la retórica del régimen de autonomía jugó a favor de la derecha, permitiéndole ganar control político sobre sus prósperas regiones a expensas del gobierno federal.
- La paradoja del apoyo popular electoral para el resurgimiento de la derecha
No hay duda del atractivo izquierdista de los políticos y regímenes de centro-izquierda. Los estudios de los resultados electorales demuestran concluyentemente que su principal base de apoyo vino de los pobres rurales y urbanos, de las bajas clases medias y de los movimientos sociales organizados y sindicatos. La fuerza impulsora del cambio en el régimen político del neo-liberalismo de derecha a la centro-izquierda fue la profunda crisis económica precipitada por el mercado desregulado, la especulación financiera salvaje y la gran concentración de la riqueza en medio de una crisis sistémica. Pero es precisamente la base electoral popular de los regímenes de centro-izquierda la que se ha beneficiado menos de la recuperación económica, del boom de las commodities, y de las relativamente altas tasas de crecimiento. Es la anteriormente desacreditada elite económica la que ha recuperado sus altas tasas de ganancia y ha logrado consolidar su posesión de activos dudosamente privatizados. Los regímenes de centro-izquierda han “cerrado el ciclo” que comenzó con el final de la crisis del neo-liberalismo de los noventa, llevando al descrédito the los regímenes derechistas y a la caída en las ganancias. Esto condujo a la emergencia de poderosos movimientos sociales, que sirvieron de trampolín para el ascenso de la centro-izquierda al poder, y a la recuperación, al crecimiento y ahora al resurgimiento de la derecha en sus expresiones económicas y políticas. Todo esto ha ocurrido en menos de una década y está lejos de los planteos de los miopes de comentaristas de izquierda que aún señalan el “fin de la hegemonía de los EE.UU.”.
- Paradoja de las ganancias
Las más altas tasas de ganancia privadas, tasas de crecimiento, reservas internacionales y austeridad fiscal han ocurrido bajo regímenes de centro-izquierda popularmente elegidos en los años 2000, no con los regímenes derechistas neo-liberales de los años 90s. En parte esto es así por los altos precios mundiales de las exportaciones agro-mineras, pero también por la estabilidad política, los incentivos económicos y las políticas fiscales de los regímenes de centro-izquierda. La desmovilización de la insurgencia popular por parte de la centro-izquierda y la canalización de la política por canales institucionales establecidos ha sido vista positivamente tanto por los inversores extranjeros como domésticos, induciendo la repatriación del capital. Los regímenes de imposición de incrementos moderados en los salarios en un momento de crecientes ganancias de capital han incrementado las ganancias y la desigualdad de ingresos. Igualmente importante, los regímenes de centro-izquierda han reducido la tendencia a gran escala y de larga duración al pillaje de la economía y la corrupción masiva, forzando al capital a invertir para obtener ganancias antes que robar al tesoro. La corrupción a los políticos es ahora generalmente un medio para aceitar las ruedas de la inversión. El mayor crecimiento económico del capitalismo bajo la reputada “centro-izquierda” antes que bajo la derecha neoliberal es parcialmente el resultado del cambio del saqueo de los recursos existentes a la inversión en un capitalismo “normal”. En ese sentido la diferencia entre el neoliberalismo de derecha y el de centro-izquierda no es sobre el capitalismo o los “mercados libres” – es entre el capitalismo que obtiene ingresos de las “rentas” estatales y un capitalismo que crece por la vía de las transacciones de mercado.
- La paradoja de la centro-izquierda que prioriza las obligaciones de deuda sobre los programas sociales
La derecha dura priorizaba sus relaciones con las agencias de crédito internacional, dependiendo en gran medida del financiamiento con deuda para muchas de sus inversiones en el crecimiento del improductivo sector financiero. El pillaje de los bancos y la destrucción de la confianza de los ahorristas por parte de la derecha llevó al recurso constante al FMI y el Banco Mundial para salvatajes, en el proceso de sujetar a la economía a onerosas condiciones que limitaban el crecimiento especialmente de la economía real. Retóricamente la centro-izquierda llevaba adelante una guerra ideológica contra el FMI y especialmente su condicionalidad y los onerosos pagos de deuda, los cuales argumentaba empobrecen a la clase trabajadora. Una vez en el poder, la centro-izquierda se movió rápida y decididamente para pagar la deuda oficial (de hecho pagando la deuda con el FMI y el Banco Mundial), afirmando que así limitaba su influencia. De hecho, los regímenes de centro-izquierda incrementaron su endeudamiento total privado externo e interno, siguiendo lealmente las políticas de austeridad fiscal del FMI-BM y programas de superávit presupuestario y mantuvieron los vínculos del “Banco Central” con el sector financiero –llamando a este arreglo “autonomía”.
Ninguno de los bancos de centro-izquierda puso restricciones en el pago de la deuda –ninguno dio prioridad a la “deuda social” sobre el pago a los tenedores de títulos o acreedores. La centro-izquierda fue tan rápida y puntual en cumplir con los pagos de deuda como había sido la derecha –cuando los pagos fueron acordados. Argentina, que inicialmente acordó reducir sus pagos de deuda luego de la crisis financiera, continuó acordando agregar o incrementar los pagos de acuerdo con su tasa de crecimiento. En los siguientes 5 años de 8% de crecimiento, sus tenedores extranjeros y domésticos de deuda recuperaron más de lo que se había deducido inicialmente. El crecimiento en los pagos de deuda y el incremento en las reservas internacionales excedieron largamente los incrementos en el salario mínimo en todos los regímes de centro-izquierda, haciendo de estos mercados atractivos para los inversores extranjeros en sus mercados de valores.
- La paradoja de la declinante militancia laboral y el mayor despojo bajo la centro-izquierda
Durante los regímenes de centro-izquierda ha habido una caída en la militancia sindical y un incremento en el desplazamiento de trabajadores urbanos y rurales. La centro-izquierda, con su influencia y capacidad de cooptación sobre los sindicatos y los líderes campesinos, promovió la declinación en las huelgas generales y las robustas movilizaciones políticamente motivadas por el cambio estructural, que caracterizaron el anterior período de gobierno derechista. Las ocupaciones de fábricas por trabajadores desocupados llegaron a su fin en Argentina. Las organizaciones de trabajadores desocupados dejaron de bloquear las autopistas más importantes. Los empleadores hicieron reclamos judiciales por la reposesión de las plantas ocupadas, y en muchos casos ganaron fallos a su favor. La propiedad capitalista fue protegida y funcionó con menos huelgas y ceses de actividades. Las ocupaciones de tierras por campesinos fueron reemplazadas por la desposesión de la tierra por parte de especuladores e inversores en agro-negocios. El boom de las commodities fue acompañado por un boom inmobiliario, llevando al “desarrollo urbano” por la vía del desplazamiento de los pobres urbanos de los asentamientos y la construcción departamentos seguros de gran categoría, centros comerciales y complejos industriales. Bajo el slogan de la “modernización” y el “desarrollo”, y el crédito barato, la centro-izquierda convirtió la conciencia de clase en conciencia del consumidor, especialmente para los sectores del trabajo sindicalizado, organizado y mejor pago.
- Paradoja del triunfo electoral de las clases populares y su pérdida de poder social
La elección de personalidades de centro-izquierda llevó a la sustitución de los políticos tradicionales por líderes de base de los movimientos sociales y en algunos casos los líderes de los movimientos socailes se convirtieron en políticos del establishment. En cualquier caso, al asumir un cargo los políticos de centro-izquierda se convirtieron en apóstoles del dogma de “representar a todas las clases” diluyendo su compromiso con sus electores y sustituyendo los decretos Presidenciales por consultas populares y reduciendo la relevancia del poder social en las calles. Cuanto mayor fue la victoria de la centro-izquieda, menos dependiente fue de los movimientos sociales, y más se alejó de las demandas programáticas de los movimientos sociales. Las organizaciones populares fueron gravemente comprometidas, habiendo acercado a sus seguidores a la centro-izquierda, la izquierda con sus electores desilusionados y sin alternativa en el horizonte quedó confinada a obtener concesiones menores.
- Paradojas de la economía: Cuando crecece el mercado – la influencia de EE.UU. disminuye
El capitalismo latino americano se ha hecho más de “libre mercado”, más profundamente integrado en el mercado mundial y exhibe mayores tasas de creciemiento en un momento en que el capitalismo de EE.UU. entra en recesión y experimenta estanflación. El viejo cliché: “cuando los EE.UU. estornudan, América Latina agarra una neumonía”, ya no se sostiene. América Latina ha aumentado su “desacoplamiento” de la economía de EE.UU. en tres direcciones: incrementando sus vínculos mercantiles con Asia y la Unión Europea; expandiendo su comercio regional y profundizando su mercado doméstico; dado el boom de las commodities, “hacerse global” significa mayores ganancias, mejor acceso a los mercados y menos restricciones para alcanzar mayores precios negociados. La consecuencia de la declinante centralidad del mercado de EE.UU y su peso político es que los exportadores de Latino América pueden evitar los acuerdo comerciales no-recíprocos con los EE.UU. en los cuales las cuotas, tarifas y subsidios norteamericanos limitan el comercio libre Norte-Sur.
- En la medida en que cae la influencia del FMI y el Banco Mundial – crece el mercado libre
Con los enormes superávit comerciales acumulándose por el crecimiento de los exportadores agro-minerales de América Latina, la necesidad de financiarse por la vía del FMI y el Banco Mundial declina. Dadas las duras condiciones impuestas por el FMI, los gobiernos latinoamericanos pueden buscar financiamiento comercial o recurrir al auto-financiamiento local público o privado. La mayor liquidez doméstica e internacional había facilitado un financiamiento incrementado para la inversión en el sector exportador agro-minero, el cual a su vez ha estimulado más acuerdos de libre comercio dentro de América latina y entre la región y sub-regiones y la UE y Asia. El hecho de que las barreras comerciales estén cayendo al mismo tiempo que mengua la influencia del FMI-BM, demuestra que las políticas de “libre mercado” son diseñadas endógenamente y no “impuestas” desde instituciones externas. El ascenso de las clases gobernantes agro-mineras y financieras en América Latina y las mayores ganancias producidas por un más amplio acceso sin restricciones a los mercados internacionales son las razones necesarias y suficientes para que ellos apoyen las políticas de libre mercado, aun cuando el FMI-BM experimentan una declinación en su influencia macro-económica.
- El anti-neo-liberalismo como el preludio al crecimiento virulento del neo-liberalismo
Prácticamente todos los regímenes gobernantes en América Latina desde la centro-izquierda en adelante han atacado en los momentos previos a las elecciones al “neo-liberalismo” como la fuente de “anti-desarrollo”. Una vez en el poder y frente al crecimiento de la demanda mundial de commodities exportables y las ganancias extraordinarias, los “post-neo-liberales” han asumido con mayor fervor el giro hacia la exportación de bienes primarios, la persecución de acuerdos recíprocos de libre comercio y la importación masiva de bienes finales –típico patrón del modelo neoliberal.
El anti-neo-liberalismo se convirtió en un ritualizado ícono demónico en el que el pasado era asociado a políticos desacreditados y partidos corruptos. Su invocación, sin embargo, sirve para desconcertar a los “fieles” frente al hecho de que los regímenes actuales han tomado la prescripción neo-liberal más allá del camino de la no-regulación. Mientras castigan al neo-liberalismo de “vieja cepa”, los regímenes actuales ganan el capital político para promover la actual, nueva y dinámica, versión del mismo.
- La paradoja del crecimiento y el hambre
A un mayor crecimiento de la agricultura, mayores son los ingresos por exportaciones, a un mayor empeoramiento en la inflación, mayor es la declinación en el consumo de alimentos y mayor y generalizado el descontento. El enorme incremento en las demandas de los nuevos países industrializados dinámicos y ricos en minerales así como la demanda de etanol en el Oeste imperialista, incrementa el crecimiento en las exportaciones agrícolas. El flujo masivo de ingresos y la caída en la producción doméstica de alimentos en la medida en que la tierra se reconvierte a la producción de soja, azucar y pasturas para los mercados externos, incrementan el desequilibrio entre la demanda local de alimentos y su oferta, resultando en presiones inflacionarias. La inflación supera los aumentos salariales, llevando a un creciente malestar social, a motines por alimentos, huelgas y bloqueos de caminos. La inflación polarizó a la sociedad civil en múltiples direcciones enfrentando a los agro-exportadores, los transportistas, los consumidores, los pensionados de ingreso fijo, y los trabajadores asalariados, debilitando la capacidad del gobierno central sobre la economía y erosionando su apoyo popular y por parte de la clase gobernante.
- A un mayor impulso a la integración regional, mayor es la integración en el mercado mundial
Mientras que hay numerosos llamados a la “integración regional”, especialmente el proyecto venezolano ALBA, la dirección principal del comercio de América Latina es hacia los centros dinámicos del comercio mundial. Creciemiente, los mayores énclaves en sectores económicos específicos y regiones dinámicas de América Latina se han vinculado con las regiones de fuerte crecimiento en Asia, Europa y el Medio Oriente –superando ampliamente el ritmo de crecimiento del comercio intra-regional. La propuesta estadounidense de acuerdo regional de comercio, ALCA, nunca pudo despegar; la Unión Andina se encuentra en jirones en tanto Colombia y Perú buscan acuerdo bilaterales con los EE.UU.; la propuesta venezolana del ALBA incluye sólo a economías marginales como Cuba, Nicaragua, República Dominicana y Bolivia, y la mayor parte de los flujos son desde Venezuela hacia sus socios más débiles, y sus principales socios comerciales aun incluyen a los EE.UU y ahora Asia, el Medio Oriente y Rusia. Ecuador, ostensiblemente un miembro potencial del ALBA, prefiere mantener sus vínculos con los Estados Unidos, un comprador importante de sus exportaciones de petróleo.
- Paradojas sociales
Los principales sitios de trabajo indígena esclavo en haciendas en América Latina han sido identificados en Bolivia y Brasil: un país liderado por un presidente “indígena” y el otro, el antiguo líder de una de las mayores confederaciones sindicales. El más flagrante abuso de los ciudadanos indígenas que protestan contra la contaminación económica y el abuso de la elite se produce en los tres regímes de “centro-izquierda” de Ecuador (centros mineros), Bolivia (especialmente en Santa Cruz) y Chile (muchísimos Mapuches en el sur han sido encarcelados por la Presidente “Socialista”). Cuanto más exitosa es la recuperación económica de los regímenes de centro-izquierda, menor es el apoyo que ellos reciben de la clase media, y más fuertes son las demandas de la elite por la concentración de la riqueza y más débil la contra-respuesta de los movimientos sociales populares. Los regímenes de centro-izquierda han presidido con un crecimiento dinámico y mayores polaridades sociales, que han cambiado dramáticamente el balance de poder hacia la derecha dura, y han apresurado la desaparición de la hegemonía política de la centro-izquierda.
- Hipótesis para explicar las paradojas
El contraste entre los deseos e ilusiones y la consternación que resulta de los pronósticos desde la izquierda y la derecha sobre el “giro a la izquierda” de América Latina y su quiebre con el neo-liberalismo y el crecimiento dinámico de los movimientos sociales populares requiere de una severa interpelación y propone importantes preguntas:
- ¿Qué da cuenta de la recuperación y expansión capitalista, las exportaciones en auge, la desmovilización política de los movimientos populares indígenas, campesinos y de trabajadores y la estabilidad política?
- ¿Qué da cuenta del flujo a gran escala de inversión privada y la integración global a costa de la participación de los trabajadores en el ingreso y de la integración regional?
- ¿Qué da cuenta de la declinación de la influencia de los EE.UU. y la desaparición del ALCA aun si el neo-liberalismo se profundiza y las políticas de libre mercado incrementan la contribución del comercio exterior en el PBI?
- ¿Qué da cuenta de los cambios abruptos, en menos de una década (1998-2008) de lo que parecía la crisis terminal del neoliberalismo, la agitación popular masiva, la estabilización de la centro-izquierda, la recuperación económica y el crecimiento dinámico bajo la égida de políticas de libre comercio y el resurgimiento del poder derechista?
- ¿Qué da cuenta de los cambios en el eje del crecimiento dentro de la clase dominante desde las finanzas y la industria a las exportacioes del sector primario como la fuerza impulsora de la economía y la marginalización de los movimientos sociales de base urbana y los reformistas de clase media?
- ¿Por qué ha declinado la política del conflicto clasista frente al resurgimiento de las políticas del patrocinio, apoyada y sostenida por muchos de los mismos que antes eran líderes y militantes del movimiento social?
- ¿Por qué las coaliciones verticalistas lideradas por la elite han reemplazado a las alianzas horizontales intra-clases, en las cuales la cooptación ha suprimido el disenso?
- ¿Por qué el crédito barato y altas tasa de consumismo quitaron contundencia al conflicto de clase y son impulsadas sin disputas desde los líderes sindicales tradicionales?
- Respuestas tentativas a las paradojas Latinoamericanas contemporáneas
- Cómo el poder formal-simbólico (institucional) lleva a la pérdida del poder sustantivo/informal de los movimientos sociales (que obtienen “reconocimiento” pero ningún beneficio sustancial o poder para fijar la agenda del gobierno o hacer la legislación).
- ¿Por qué la “crisis” del neo-liberalismo a finales de los 1990s y comienzos de 2000 no condujo a la declinación, menos aún desaparición, de la clase gobernante? –diferencia entre fallas de política o régimen y continuidad de los puntales estructurales.
- Los resultados de la “crisis” política llevaron a cambios de régimen que adaptaron una nueva retórica “anti-neo-liberal” a los ajustes de políticas dentro de los paradigmas estructurales y los marcos institucionales establecidos por los regímenes neo-liberales previos.
- Los regímenes post-crisis combinaron (algunos continuaron) a personajes neoliberales en los cruciales ministerios de economía y finanzas y el banco central con nuevas caras en los ministerios sociales que administran políticas orientadas hacia los movimientos sociales políticamente activos, sus líderes y a sus indigentes electores.
- El resultado socio-económico “post-crisis” de esta nueva configuración de políticas y división política del trabajo fueron favorecidos por altos precios en el mercado mundial y mercados en expansión y a un relativamente débil poder de negociación de los trabajadores recientemente incorporados a una fuerza de trabajo fundamentalmente eventual.
- Altos precios y demanda mundial para exportaciones, la absorción de la capacidad instalada no utilizada y el débil poder de negociación de los trabajadores llevó a un sustancial crecimiento económico y a la perpetuación y aun al crecimiento en las desigualdades sociales.
- El crecimiento fue financiado por el sector capital intensivo exportador agro-minero y la mayor utilización de la capacidad instalada disponible y la reinversión parcial de las ganancias –no por proyectos de inversión privados o públicos a gran escala.
- Las nuevas divisiones horizontales y especialmente verticales emergieron como resultado de la brecha crecimiento/desigualdad y el crecimiento desparejo de los sectores geo-económicos agro-minero, por un lado, y el urbano en servicios e industria, por otro.
- El modelo derechista de crecimiento/clientela social, junto al modelo de altas ganancias y salarios estancados, llevaron a mayores conflictos socio-económicos con los trabajadores organizados y masivas protestas populares de los consumidores en relación a la inflación, los altos precios de los alimentos y otros precios básicos.
- El modelo de recuperación económica y crecimiento impulsado por la elite exportadora agro-minera incrementó su peso en la economía y llevó a demandas de un mayor poder político en la determinación de los términos de la distribución de los beneficios entre el sector agro-minero y el sector urbano servicios/industrial/financiero.
- La centralidad del sector agro-minero en el período post-crisis encontró su expresión en los movimientos “regionalistas” y en algunos casos “separatistas” o “autonomistas”, que buscaban monopolizar los altos ingresos por exportaciones. Un pequeño porcentaje de las nuevas ganancias extraordinarias y de las ganancias generales de ingresos fue hacia los pequeños y medianos propietarios mineros y agricultores, facilitando la hegemonía de los líderes de las grandes corporaciones agro-mineras y sus líderes políticos en las organizaciones cívicas y gobiernos regionales.
- Las divisiones verticales entre las elites rivales centro/urbanas basadas en los servicios, y rurales basadas en la agro-minería, encontraron su expresión por fuera de los marcos constitucionales, institucionales y electorales.
- Los regímenes post-crisis superaron los desafíos “sistémicos” desde abajo, pero ahora enfrentan severos desafíos desde dentro del sistema en torno a la distribución de la riqueza y el poder, desde poderes de base regional.
- Las más ricas y económicamente dinámicas elites agro-mineras lideran una “rebelión” para ganar hegemonía sobre sus socios de base urbana/servicios para gobernar todo el país.
- Los conflictos sobre la descentralización y los conflictos regionales/sectoriales son pasos de transición hacia una reconfiguración y concentración del poder nacional en las manos de las ricas elites agro-mineras.