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UNA CRISIS DEL CAPITALISMO DE NUESTRO TIEMPO


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Charles-André Udry

El viernes 22 de febrero de 2008, el director de las escuelas de Palm Beach, en el Estado de Florida (EE.UU.), gritaba escandalizado: la suma de los intereses que debía pagar para asegurar el financiamiento de las escuelas -con 170.000 estudiantes- había pasado de 107.000 dólares en diciembre del 2007 a 220.000 dólares a comienzos del 2008.

 

Las cajas con sorpresa

Estamos aquí en medio de la llamada "crisis del crédito inmobiliario suprime": los préstamos inmobiliarios concedidos a hogares con "frágil solvencia", según escriben los banqueros... ahora.

La relación entre Palm Beach y los suprime no parece evidente. Repasemos entonces la cadena de mecanismos causales.

La explosión del monto de intereses que debía pagar el director de las escuelas de Palm Beach tiene una razón inmediata: las tasas de interés para préstamos a las municipalidades -por periodos de siete días- también explotaron. ¿Por qué razón? Porque los prestamistas ya no quieren prestar con tanta facilidad a las municipalidades. ¿Por qué? Porque no están seguros de que estas podrán reembolsarlos muy fácilmente en caso de un retroceso económico, sobre todo porque sus ingresos fiscales se caerán y achicarán en caso recesión.

¿Pero las municipalidades no están aseguradas frente eventuales déficit? Si, pero los “aseguradores” 1 -al igual que los grandes bancos (UBS, Merrill Lynch, Credit Suisse, Morgan Stanley, etc.) están en vías de perder decenas de millones de dólares.

¿Porqué? Porque ellos compraron cajas con sorpresa, paquetes que contenían diversos tipos de deudas: desde las deudas inmobiliarias, o las deudas constituidas por miles de millones de dólares de "vencimientos impagos" en tarjetas de crédito, hasta miles de millones de préstamos acordados a estudiantes. Pero los estudiantes que sacaron préstamos para pagar sus estudios, los asalariados que compraron en los grandes supermercados con su tarjeta de crédito para alimentarse y vestirse, o las familias que compraron una casa a crédito, ya no pueden pagar las sumas que les exigen. Por lo tanto, esas cajitas felices -es lo que en términos técnicos se llama “titulización” 2 de las deudas-se transformaron en bolsas con malas sorpresas.

 

La ceguera sistémica

¿Acaso no era previsible? Si ¿Y porqué entonces las "autoridades" no tomaron medidas antes? Por cinco razones.

Primera: los que vendían préstamos ganaban según la cantidad de operaciones que hacían. Por lo tanto, estaban dispuestos a conceder créditos a personas con bajos ingresos, y podían llegar a ser insolventes. Y les hacían los préstamos ocultando la suba de intereses que se produciría después de uno o dos años.

Segunda: una vez concedidos los préstamos, ellos los revendían a entidades financieras que confeccionaban las cajitas sorpresa. Mezclando todo tipo de deudas en una bolsa, se afirmaba una idea central: la dispersión del riesgo ligado al no pago de los intereses, era más segura para el prestamista. Mientras más se dispersaba el riesgo, menos peligro había... ¡Las ecuaciones matemáticas lo demostraban!.

Tercera: el aumento de los precios inmobiliarios duró más de cinco años, y provocó la idea de que no se detendría jamás, o que al menos lo haría "más tarde", "mañana". Y el valor cada vez mayor de las casas servía a los hogares como garantía, en cascada, para sacar nuevos préstamos, sin relación con sus ingresos reales.

Cuarta: la confección artificial de las cajas sorpresa era hecha en forma conjunta por las agencias de calificación 3 y por las instituciones financieras (porque estas cajas se armaban por fuera del mercado). Y las agencias tenían muy buenos motivos, a fin de ganar más dinero junto con las instituciones financieras, para ponerle buenas calificaciones a estas cajas sorpresa, lo que permitía venderlas masivamente y a buen precio (con ganancia).

Quinta: las "autoridades" encargadas de tomar medidas para impedir operaciones muy "peligrosas" -¡y lo son, de hecho, para quienes se quedarán sin casa o caerán en la desocupación o deberán dejar sus estudios, y no solo para los accionistas de los bancos! - comparten las mismas concepciones y están integrados por el mismo tipo de personas que los tiburones que confeccionaban las cajas sorpresa o vendían hipotecas "de riesgo".

 

Capitalismo a crédito.

La fragilidad de este montaje de ingeniería financiera (las cajas sorpresa) -que provocaban la admiración de los expertos- era sin embargo más que previsible para cualquiera que quisiese examinar y comprender la evolución del capitalismo, aunque más no fuese tras la crisis del 2001.

¿Cual es uno de los principales rasgos de esta evolución reciente? Demos la palabra a Alan Greenspan, el antiguo Jefe de la Fed (banco central norteamericano) entre 1986 y 2007: "... la parte de los salarios en el ingreso nacional en los Estados Unidos y en otros países desarrollados alcanzó un nivel excepcionalmente bajo según las normas históricas" (Financial Times, 16 septiembre 2007).

Stephen Roach, el muy astuto el jefe economista de Morgan Stanley, hacía la misma constatación a fin de 2007, en una conferencia que dio en China. El insiste, además, en la amplitud de esta distribución desigual entre ingreso del capital y salarios en el conjunto de los países del G7, con una neta acentuación luego del segundo semestre de 2001.

Saquemos una primer conclusión referida a los Estados Unidos. Los salarios reales para más del 60% de los asalariadas.os se estancó o retrocedió luego de 2001, para no mencionar las pérdidas sufridas a causa de los despidos y la crisis en el terreno de la protección social (jubilación y salud). El crecimiento de la productividad (producción por hora y por asalariado) fue importante, el mayor después de 1973. Pero la creación de empleos derivada de la mayor productividad no acompañó el aumento de las inversiones, lo que presiona sobre los empleos menos calificados (ver The State of Working América 2006-2007, EPI, capítulo 3, páginas 109-209).

Por lo tanto, para alojarse, para estudiar, para atender la salud, para comer y vestirse, se impuso una solución: pedir préstamos, endeudarse. Después de la crisis de 2001, toda la política de Greenspan consistió en facilitar a los bancos y a las demás instituciones financieras la colocación de crédito, suministrándoles "dinero barato" (con bajas tasas de interés), lo que facilitaba las operaciones financieras más aventuradas.

Esta ola de créditos servía para responder a la crisis de super-producción propia del capitalismo. ¿Cómo? Para vender los bienes producidos en los Estados Unidos o importados por Wal-Mart desde China, para construir nuevas casas y venderlas, para poner en el mercado vehículos -y así realizar la plusvalía "transportada" por todas esas mercancías- era preciso que los asalariados, cuyos ingresos estaban estancados, pudiesen endeudarse masivamente. Fue así como se aseguró un aumento del volumen de consumo, aunque éste divergiera cada vez más con el volumen mayoritario de los salarios.

Teniendo esto presente, la primer parte del escenario de la actual crisis es clara. El aumento de los precios inmobiliarios debe chocar con un límite: el ingreso de los asalariados. Una vez que el total de los intereses a pagar (por inmuebles, autos, estudio, salud, etc.) sobrepasa el ingreso mensual en un período de 36 a 48 meses -después de refinanciamientos acordados sobre la base de precios inmobiliarios que suben aún más- la subida de los precios de las casas acaba y comienza la declinación. En efecto, la suba de los precios de los inmuebles residenciales choca con el bajo techo de los salarios.

Esto ocurrió, a partir de 2006, en diversas regiones de los Estados Unidos. Y una vez que los precios de los inmuebles se detienen, toda la pirámide de los préstamos y de la titulización de las deudas comienza a vacilar. Esto es exactamente lo que pasó y está pasando.

Según el Wall Street Journal, en la región de Miami, en febrero de 2008, un objeto inmobiliario era comprado por los grandes operadores a 25 centavos por 1 dólar, es decir precio 75% inferior al de comienzos de 2007. El resultado es claro: las cajas sorpresa están agujereadas.

Grandes porciones de la deuda ya no serán recuperadas o lo serán sólo parcialmente. Y esto no se refiere sólo a los préstamos inmobiliarios "riesgosos" (subprime), sino a los préstamos concedidos a los estudiantes, los préstamos para la compra de vehículos, etcétera.

Las palabras “transparencia” y “regulación” adornan el discurso diario de los supuestos expertos financieros y de los gobiernos, pero nadie sabe medir la amplitud de las pérdidas. La bolsa-sorpresa está llena de sorpresas... para quienes las confeccionaron.

En efecto, en el marco de la competencia capitalista, bajo el acicate de la ganancia, cada institución  financiera multiplicó las operaciones de titulización y vendió fruta podrida a sus competidores. Ahora cada uno desconfía del otro y no sabe cuántas toneladas de fruta podrida están en manos de sus competidores y cuántas en las propias. Las discrepancias en las evaluaciones sobre la amplitud de la depreciación de los títulos de los "subprime”, lo demuestra. Así, UBS evalúa las pérdidas futuras en los Estados Unidos entre 123 y 203 mil millones de dólares: ¡vaya precisión matemática! Los organismos especializados en préstamos para los estudiantes vieron su capitalización bursátil (número total de acciones multiplicado por el precio de la acción) bajar entre el 25 y 60%.

 

No hay dos capitalismos

Una segunda conclusión nos lleva a otro rasgo esencial del capitalismo actual. La baja de los ingresos del trabajo en la repartición de la riqueza producida -por el trabajo, hay que recordarlo- implica un alza importante en las ganancias de muchas empresas. Los beneficios declarados por las sociedades que cotizan en Bolsa, los miles de millones de bonus distribuidos a los dirigentes y los miles de millones de francos que van a los accionistas lo ejemplifican.

Este dinero está destinado, en gran parte, a financiar las inversiones. Sin embargo, los estudios sobre el volumen global de las inversiones muestran que no siempre ocurre así, pues una gran parte de esta plusvalía (las ganancias distribuidas) no se reinvierte en la producción. Busca otras salidas.

Una primera salida es evidente: los gastos de lujo que se traducen en la expansión de la construcción de yates, la expansión de los aviones privados, las ganancias obtenidas por las empresas de lujo tales como LVMH, Richmond, Cartier. O incluso el tipo de suplementos de la prensa económica. Uno de los más famosos, del Financial Times, se titula How to spend it. En castellano: Como gastarla... a la plata.

Una segunda salida es también evidente, pero muy frecuentemente mal comprendida: una parte importante de plusvalía redistribuida a los grandes poseedores del capital se dirige hacia los circuitos financieros. Este es el origen de la llamada financiarización del capital. Este capital gerenciado por los bancos, entre otros gestores de fortuna -son los que han comprado y vendido papeles del tipo suprime-, reivindica el derecho a retiros sobre la plusvalía, el derecho a succionar como sanguijuela la plusvalía producida a escala internacional por las y los asalariados.

Para lograrlo, no solamente hay que hacerlos producir más y más rápido; disminuir la parte de los salarios en cada unidad producida (ya sea en la industria o los servicios); precarizar el empleo para reducir los movimientos reivindicativos. Es preciso también recuperar una parte de plusvalía distribuida a los asalariados bajo la forma de salario succionando el máximo de dinero por medio de los préstamos que son obligados a sacar para vivir. Así se ve la lógica circular de la explotación, la forma por excelencia de relación entre las clases sociales.

No existe entonces por un lado un buen capitalismo productivo de bienes manufactureros y, por el otro lado, un mal capitalismo financiero que debería ser regulado, como dicen los socialdemócratas. Hay una lógica capitalista de explotación mundializada. Lógica que se apoya, en la fase actual, en un mercado mundial de trabajo que permite poner en competencia a los asalariados del mundo entero y en un mercado mundial de inversiones que apunta a sacar un máximo de ganancias en provecho de sociedades transnacionales cada vez más fuertes.

A partir de esta mundialización y de las derrotas ocasionadas -con la ayuda de la socialdemocracia de Schröder, o de Blair, para no mencionar al Partido Socialista Suizo- la redistribución de la plusvalía desemboca en una finaciarización que toca a los límites de "la economía real": el estancamiento de los salarios no podía ser camuflado en términos de consumo sino era mediante la expansión desmesurada del crédito.

La expansión del crédito alimentó la "burbuja" del subprime que actualmente se está desinflando. Pero cuando una burbuja se desinfla, surge otra: porque el dinero de los híper-ricos busca por una parte, protegerse (comprando metales preciosos, por ejemplo) y, por otra parte, busca ganar más haciendo subir el precio de los metales y de los bienes alimenticios... aunque esto implique matar de hambre a una parte de los habitantes del planeta.

 

Una crisis capitalista clásica

Asistimos pues a una crisis capitalista clásica -de super-producción y de super-acumulación de capital-, que tiene un desencadenante en el circuito del crédito. Este es el aspecto particular que, sin sus lazos con los rasgos básicos del sistema, está mal descrito en la prensa.

En el marco de este artículo, querría subrayar dos cuestiones.

La primera tiene que ver con el discurso de las clases dominantes. En 1997, durante la "crisis asiática" (Tailandia, Corea del Sur, Indonesia), el FMI y los países imperialistas insistían en la exigencia de no "nacionalizar" las empresas en problemas. En efecto, las transnacionales imperialistas querían comprar firmas baratas. Actualmente, el gobierno inglés nacionaliza la banca de crédito Northem Rock. Dicho de otra manera: las pérdidas van a ser socializadas, es decir pagadas en lo esencial por los asalariados-contribuyentes; luego, después que sea nuevamente puesta de pie, la banca Northem Rock será vendida a un precio atractivo a algún banco privado.

En cuanto al gobierno Norteamericano y a la Fed, conjuntamente, bajaron mucho y muy rápidamente las tasas de interés e inyectaron 150 mil millones -y esto es sólo un comienzo- intentando "sostener el consumo". De hecho, para impedir que se precipite el número de quiebras y que los bancos recomiencen a prestar a otros bancos y a las empresas. Lo contrario de lo que preconizaban en 1997... cuando ellos querían aprovechar la "crisis asiática" para hacer sus negocios.

La segunda se refiere a la coyuntura. Es difícil de prever. Sin embargo, algunos elementos parecen muy probables:
1º) el consumo de los hogares (en los Estados Unidos y en la mayor parte de los países imperialistas) va a retroceder bajo el efecto de un cóctel de choque: precio del petróleo y de los bienes alimenticios; relanzamiento de la desocupación; recesión inmobiliaria (en Estados Unidos, en España, en Francia, en Italia...); endurecimiento de las condiciones de crédito;
2º) las intervenciones de los gobiernos pueden tener algún efecto, entonces asistiremos a una recesión en forma de W: una baja de la producción y una suba de la desocupación (recesión), luego una corta recuperación y una nueva baja. En todos los casos, se entra en un período largo de crecimiento más débil;
3º) no habrá desacople entre los Estados Unidos y el resto de la economía mundial. Una recesión norteamericana combinada con una caída del crecimiento de China -pasar del 11 al 7% es una muy fuerte caída- tendrá efectos negativos sobre el comercio mundial;
4º) El agravamiento de la crisis financieras es muy posible. Esto quiere decir que no es improbable una espiral descendente que ligue: deuda, precio inmobiliario, consumo, insolvencia creciente con pérdidas que deberán ser registradas por los bancos. La debacle puede entonces prolongarse y agravarse.

 


1 En inglés se los llama monoliner. En francés rehausseurs du credit... Son los que se ocupan de garantizar títulos adosados a los préstamos. Tienen un rol importante en la garantía de las emisiones de obligaciones (empréstitos) de las municipalidades en los Estados Unidos. Pero estos “revaluadores” del crédito, tenían también en sus portafolios cajas sorpresa repletas de títulos basura. Ahora están sometidos a la reducción de los puntajes por las agencias que participaron en la en la campaña publicitaria de esas cajas sorpresa.

2 Titulización: técnica financiera que consiste en transformar las acreencias en manos de las casas de crédito (inmobiliarios, automotrices, etc.) en títulos negociables. Se re-vende la acreencia. Así, por ejemplo, las gestiones de reembolso o de refinanciamiento pueden ser transferidas a un tercero; se puede también evacuar de un banco de préstamos aquellas cuentas que no embellezcan su balance.

3 Agencias de calificación (notation en inglés): firmas encargadas de atribuir calificaciones referidas a la solidez de un establecimiento o de un prestatario, o de una deuda titulizada. La “mejor nota” se indica como AAA.

*· Economista suizo, integrante con consejo científico de ATTAC, profesor también en la Universidad de Venecia, Editor responsable de la revista La brèche / Carré rouge. Artículo escrito el 25 de febrero del 2008, traducido del francés por Aldo Casas.